El pasado viernes 11 de noviembre entregábamos los III Premios Progreso, como ya decíamos en la edición del año pasado más que premios se trata del reconocimiento a la labor de personas o instituciones que trabajan por el Progreso de la Humanidad, normalmente se trata de labores calladas y que tiene poca trascendencia más allá del marco estricto en el que desarrollan su labor.
En el caso de este año, al menos en lo que se refiere al Dr. Montes, no se puede decir lo mismo. Fue vilipendiado, linchado en la plaza pública por lo más reaccionario de este país y con el único propósito de poner en tela de juicio no sólo su labor profesional, y la de su compañeros obviamente, sino la de cargarse el sistema público de salud con el único fin de satisfacer el apetito desmedido por la acumulación de capital de algunos de nuestros gobernantes. Olvidaban quienes así obraban una de las máximas de la religión que dicen practicar el amor hacia los demás y la caridad para los más necesitados, me pregunto yo si habrá alguien más necesitado de esa caridad, de esa fraternidad que quien en los últimos momentos de su tránsito por esta vida se enfrenta a una insufrible agonía fácilmente evitable con los medios que la medicina pone a nuestro alcance.
Pero no nos engañemos, no se trataba de velar por los enfermos, ni siquiera seguir las prescripciones de una religión que es incapaz de mostrar la más mínima piedad para con los "otros" (los que no son sus servidores: cardenales, monseñores, arzobispos, obispos, clérigos, frailes o monjas), mientras que ensanacha su manga cuando se trata de perdonar los pecados de los suyos. Se trataba, insisto, de poner en tela de juicio el trabajo de una persona, de un equipo que si entendía que a la hora de morir tenemos derecho a hacerlo dignamente y dulcemente. Quienes enfáticamente defienden un extraño derecho a la vida, digo extraño porque mientras se oponen a que la mujer decida libremente ante un embarazo si seguir adelante o no con él, no suelen tener el menor problema en disculpar, cuando no colaborar, con los más execrables crímenes o esa contradicción humanista que es la pena de muerte. ¿Debemos recordar su connivencia con las dictaduras del "cono Sur" o su decidio apoyo al genocidio que siguió a la Geurra Civil española? Creo que no.
En la figura del Dr. Montes se reconocen dos cosas, la del médico que entiende que su misión es porporcionar la mejor calidad de vida posible a sus enfermos en todo momento, incluso en los instantes que preceden al fin de ésta, y la de quien cree que la salud es uno de los derechos humanos por excelencia y con independencia de la sposibilidades económicas de quien la precisa. Creo que se trata de una magnífica elección.
Por lo que respecta a ALEGA, la Asociación de Gay, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Cantabria, hemos de decir que en ellos se reflejan todas aquellas asociaciones que a lo largo de España tratan de combatir atávicas posturas homófobas fruto de la preminencia que la educación judeo-cristiana ha tenido en todo Occidente y de manera muy espeical en España. Hemos avanzado pero no lo suficiente, la sociedad está en el camino corecto pero aún queda mucho para llegar a la meta. El pasado viernes Javier, el representante de ALEGA que recogía el reconocimiento de nuestra Logia a su labor, nos confirmaba algo que ya sabiamos o intuíamos, que en los colegios se sigue persiguiendo al diferente y que cuando la diferencia es por una cuestión de orientación sexual la persecución suele ser aún mas encarnizada si cabe que con los otros "diferentes", los inmigrantes.
Durante el acto de entrega de los galardones y gracias a sus intervenciones descubrimos a personas de mente abierta y libre, espero y deseo que su ejemplo cunda y que esa libertad se instale en la mayoría de las mentes de nuesros conciudadanos, sería el mejor premio que podríamos recibir quienes modestamente tratamos de resaltar las virtudes de quienes cada día, de forma pública o privada luchan para que la libertad se haga un peuqñeo hueco en esta sociedad cada vez más esclavizada.

