De todos es conocido que la masonería se divide, a grandes rasgos, en dos corrientes principales, la que sigue los dictados de la GLUI (Gran Logia Unida de Inglaterra), exclusivamente teísta y aquella otra evolutiva e innovadora a partir de la tradición. Mientras que la primera, escrupulosamente tradicionalista, se esfuerza por mantener la masonería del siglo XXI aferrada a las creencias de una de las religiones clásicas, otra, la que se nutre del espíritu “latino”, ha devenido en una masonería evolutiva, investigadora, crítica y extra-religiosa. En esa segunda opción se encuentra, desde mi personal punto de vista, Le Droit Humain.

