Si, el pastor presbiteriano Anderson, el compilador de la más antigua "ley" de la masonería especulativa, junto a Théofile Désaguliers, tenía toda la razón del mundo, ningún ateo estúpido podría tener entrada en la masonería. La verdad es que a Anderson se le olvidó añadir que tampoco un creyente estúpido podría hacerlo.

